‘The End of the F***ing World’ no es tan insolente, oscura y retorcida como pretende

‘The End of the F***ing World’ no es tan insolente, oscura y retorcida como pretende

Netflix ha estrenado una nueva serie de televisión, comedia negra y road movie basada en los comics homónimos sobre la huida de una pareja de inadaptados.

Netflix escogió el proyecto de la comedia televisiva The End of the F***ing World, creada por el británico Jonathan Entwistle en 2017 como adaptación de la novela gráfica homónima de Charles S. Forsman, para distribuirla en su plataforma por todo el mundo después de que Channel 4 la estrenase en Reino Unido el pasado mes de octubre. Entwistle ya había adaptado la obra de Forsman en 2014 como cortometraje, titulándola con sus siglas: TEotFW. La actriz Charlie Covell, autora de los guiones de la serie como lo había sido para el largometraje Burn Burn Burn (Chanya Button, 2015) y de algunos episodios de Banana (Russell T. Davies, 2015) y Humans (Sam Vincent y Jonathan Brackley, desde 2015), declaró en su momento que, desde el instante en que tuvo en sus manos los comics para leerlos, quiso asumir la tarea de la adaptación. “Son hermosos, y cuentan una historia de amor oscura y poco convencional para la mayoría de edad”, explicó entonces.

Roberto Troni, de Channel 4, aseguró por su parte que “si David Lynch hiciera una road movie romántica sobre un par de adolescentes inadaptados, podría parecerse a The End of the F***ing World”. Pero esta serie se asemeja más en su tono a películas poperas como Scott Pilgrim contra el mundo (Edgar Wright, 2010), adaptación de otra novela gráfica, o Submarine (Richard Ayoade, 2010), sin el histrionismo determinante de la primera y con un estilo algo más austero que el de la segunda, y no, pongamos, a la excesiva Corazón salvaje (Lynch, 1990), con su surrealismo leve pero no sutil, centrado en la excentricidad del comportamiento de los protagonistas, el psicopático e inseguro James (Alex Lawther) y la desencantada, irrespetuosa e impertinente Alyssa (Jessica Barden); sus breves flashbacks situacionales, sus encuadres simétricos y sus movimientos de cámara sosegados y cristalinos, su banda sonora con canciones variadas, a veces reconocibles, y las habituales voces en off.

the end of the f***ing world
Netflix

Alex Lawther, al que los seriéfilos recordarán por su Kenny del episodio “Shut Up and Dance” (3×03) de Black Mirror (Charlie Brooker, desde 2011) si bien había encarnado antes al joven Alan Turing en The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014), interpreta a James en sustitución de Craig Roberts, protagonista precisamente de Submarine y el joven psicópata en el corto original. Jessica Barden, en cambio, repite en el papel de Alyssa, y tal vez os suene, por ejemplo, debido a su Jody Long de Tamara Drewe (Stephen Frears, 2010) o su Justine de la tercera y última temporada de Penny Dreadful (John Logan, 2014-2016). Entwistle consigue sacar lo mejor de los dos actores, mérito de ambos, para construir el punto justo de unos personajes que resultarían fácilmente sobreactuados o unos auténticos muermos sin cierta ración de intensidad. Completan el reparto Steve Oram (Turistas) como Phil, Gemma Whelan (Juego de tronos) como Eunice Noon, Wunmi Mosaku (Black Mirror también) como Teri Donoghue o Barry Ward (Jimmy’s Hall) como Leslie.

Los ocho capítulos de la primera temporada de The End of the F***ing World, que probablemente continúe en una segunda, se ven con agrado pero no maravillan en ningún instante. Esta comedia negra se pretende insolente, oscura y retorcida, o así la han calificado no pocos críticos de cabecera, pero a estas alturas de la incorrección fílmica no puede calificarse más que de bienintencionada: sus aspiraciones de atrevimiento en la trama homicida, en la desfachatez de la joven y en los detalles sexuales no pueden escandalizar ni seducir demasiado a una audiencia madura; sus maneras de cine independiente la dulcifican más que otra cosa, sin conmover al público en exceso; y haría falta un ingenio superior y una mala uva propia de directores como los estadounidenses Joel y Ethan Coen para convertirse en algo notable, pero carece de ellos a todas luces. Sólo destaca en la química de sus actores principales y en un par de secuencias, la última del tercer episodio y la que cierra la temporada y, a pesar de ello, apetece saber qué será de James y Alyssa en el futuro.