Por qué estamos como locos por Destiny 2

Destiny 2

Escribimos este artículo a seis manos antes de que llegue el primer tráiler oficial de ‘Destiny 2’ esta misma tarde porque 1) si Bungie nos da lo que queremos, escribirlo después sería lo fácil y 2) realmente estamos como locos por tenerlo.

Si luego resulta que el tráiler nos horroriza… moriremos un poco por dentro, claro.

Lo cierto es que confiamos en que el estudio haya tomado nota de todo lo que no nos llegó a gustar del primero, por no decir de todo lo que llegamos a odiar de él, a pesar de habernos enganchado durante más horas de las aconsejables. Porque tanto Gallego y Roberto (los cuales me acompañan en este texto) como yo hemos invertido mucho tiempo y dinero en ‘Destiny’.

Sí, DINERO.

Poco me faltó para lanzarle los billetes al televisor con cada nueva expansión. No me miréis así, sé que a muchos de vosotros os parece horripilante la propia existencia de los contenidos descargables de pago… salvo que sean para vuestro juego favorito, en cuyo caso está todo en orden. A mí no me importa pagar por DLC cuando un juego me atrapa y me da horas y horas de diversión.

Y ‘Destiny’, a pesar de sus fallos, lo ha hecho.


Es el juego al que he recurrido de forma constante desde que fue lanzado, y he esperado con ganas cada nuevo pack de contenidos adicionales. Recuerdo que, llegado a cierto punto, le comenté a Gallego y Roberto, dos enganchados como yo con los que he jugado de forma regular en escuadras, que me bajaba del tren, que no pensaba gastar ni un euro más. Mentira. Acabé cayendo en todas y cada una de las expansiones.

‘Destiny’ me ha hecho repetir mil veces las mismas misiones con sus rotaciones semanales, diarias y asaltos, pero ahí estábamos conectados cada día para hacernos con nuestra ración de loot, con ese equipo que nos permitiera seguir subiendo de nivel. De luz. La luz. La luz de ‘Destiny’. Maldita sea. Si hasta la historia es incomprensible para la mayoría de los mortales. Y qué más da.

Destiny es droga. De la dura, además

Lo que me ha dado ‘Destiny’ no lo he encontrado en otro juego. Tuvo sus fallos, sobre todo al principio, y sigue teniendo cosas capaces de romperle los nervios a cualquiera, pero da igual. Es divertido tanto si entras con los colegas a hacer una raid, un par de misiones o el asalto de ocaso como si decides meterte en el Crisol para darle al competitivo. Aunque sí, en las incursiones con tu escuadra es donde la diversión alcanza límites insospechados. Sobre todo cuando en tu equipo hay un Leroy Jenkins de la vida.

El resumen es que sí, que muy bien todo pero que aquí estoy deseando pillar ‘Destiny 2’ lo antes posible.

Roberto está como loco por Destiny 2 porque…

‘Destiny’ es droga. De la dura, además.

Es un juego que te pide la vida y a cambio te da repeticiones y repeticiones de asaltos que ya te sabes de memoria. Te pide que sólo juegues con él, que sólo pienses en él, que abandones a otros juegos, y a cambio te entrega a los pies de RNGesus. Te obliga a que planifiques tu agenda en función a sus ciclos vitales (cualquiera de sus yonkis es perfectamente consciente de la importancia vital de estas dos palabras: “MARTES DESTINY”) y… bueno… te da mucho ratos de espera mientras otro llega: el torpe que se cae saltando una y otra vez en la zona de plataformas de La Caída del Rey (Hola, Gustavo, no estás solo en eso); el que dice que entra a Raid pero debe de estar cargándola por cassette, a lo Spectrum, de todo lo que tarda; el de “no entréis a Estandarte sin mí, que estoy bajando a la torre a por X”.

‘Destiny’ es un juego ingrato en muchos momentos de tu relación con él. Pero es también un juego con una comunidad maravillosa (gracias, Bungie, por descubrirme que Reddit es mucho más que “un foro de otra manera”; gracias también a todos los sherpas del mundo por permitir que los n00bs puedan entrar al juego y quieran quedarse en él). Es un título que regala chispazos de creatividad maravillosa (a ver, estos tíos son los putos amos). Es una experiencia en la que cada día que estás jugando tienes para nuevo meme entre los compañeros de clan (si alguna vez jugáis contra los fruitis, beware the fruitinha).

Puede que ‘Destiny’ no nos emocione (aunque el primer regreso a la Cámara de Cristal en la Casa de los Lobos fue una vuelta de tuerca guión ma-ra-vi-llo-sa), pero nos hace reír y querer más. Es el juego de los papitrucos, el queso y quedarme hasta las dos de la mañana intentando tirar a Crota en Hard y… justo cuando vamos a cerrar, tras la enésima “la última y nos vamos”, conseguirlo y no poder gritar porque tienes a todo Dios en casa durmiendo.

Y sí, su Lore es un sindiós; la versión Vanilla salió tan a medio cocer que entiendo a todos los que se bajaron; el lag y el matchmaking del PVP son la risa; algunos mapas son para mandar al diseñador al carajo y al final estás todo el puñetero rato repitiéndote para que te caiga el engrama correspondiente.

Pero, ay, amigos, nadie dijo que la droga fuese buena. Dadme ya un nuevo chute.

‘Destiny’ fue un proyecto fallido o triunfal, según a quien preguntes, pero rebosante de buenas cosas que su secuela deberá saber heredar

Gallego, la enciclopedia con patas de Destiny

Pocos juegos parecen haber obligado tanto a sus jugadores a justificarse por disfrutarlo como ‘Destiny’, hasta el punto de que por momentos pareciera que sus usuarios deberían sentirse mal por las horas y el dinero invertidos en él. Y no estoy culpando a quienes se han dedicado a lapidarlo, porque lo cierto es que Bungie y Activision han dado numerosas razones para ello: con su errónea promoción, con su fallida primera versión, con actualizaciones que no siempre han dado en el blanco y con grandes dosis de frustración para los más fieles.

Pero aun con sus muchas lacras, esta ópera espacial a ritmo de fuego y Colibrí fue capaz de conectar con millones de jugadores en todo el mundo. Y no me refiero sólo a las cifras de ventas, sino a las de usuarios activos, que se mantuvieron pujantes durante mucho tiempo; en mi caso, por ejemplo, reconozco haber superado el millar de horas dedicadas a mis Guardianes. Muchas de esas horas fueron de mosqueo, sí, de rabia por lo que no funcionaba como debía o de frustración por unas recompensas desproporcionadamente rácanas, pero también de desafío, camaradería con los compañeros de batalla y éxtasis en la victoria.

‘Destiny’ fue un proyecto fallido o triunfal, según a quien preguntes, pero rebosante de buenas cosas que su secuela deberá saber heredar: unas mecánicas shooter precisas como un cuchillo recién afilado, un universo capaz de estimular la imaginación en cada rincón, actividades para completar por todas partes y una colección de equipo para recolectar inabarcable. Eso sí, también serán muchos los aspectos a corregir esta vez para conseguir que la mala publicidad de la que goza el primer juego no se arrastre hasta su continuación.

Destiny

Decía que su universo es estimulante, sí, pero la forma de plantearlo en la aventura fue un absoluto desastre que requiere ser revisado a fondo. Bungie lo intentó subsanar en las distintas expansiones, pero la narrativa estaba tan rota en la base, que ese campo fue imposible remontarlo.

‘Destiny 2’ necesita engancharnos con su historia como no lo hizo el primero, debe ser atractivo avanzar por su trama y no convertirse en una mera sucesión de excusas para hacer estallar las cabezas de alienígenas insufribles. También su altísima cantidad de actividades deberá crecer en variedad, así como en el hecho de que puedan permanecer relevantes por más tiempo, en lugar de esperar a última hora para recuperar las viejas raids como Bungie acaba de hacer.

Sobrevolando todo esto tenemos el espinoso asunto de la forma en la que sus creadores planean mantenerlo vivo durante los próximos años. Con el primer capítulo, Activision y Bungie se han dedicado a dar bandazos sin tener muy claro hacia dónde iban: ahora te saco una expansión de pago, ahora actualización gratuita, ahora meto micropagos, de pronto decido volver al DLC pagado sin más… Todo ello sumido en una agenda desconcertante, en la que podían pasar meses de absoluto silencio por parte de sus creadores, para luego arrancarse a cambiar cosas cada cuatro días.

Una planificación más sólida en ese sentido, y ante todo, con mayor transparencia para los jugadores que decidan embarcarse en el proyecto, sería muy de agradecer. Aunque claro, para eso haría falta que en primer lugar ellos tuvieran claro cómo lo quieren hacer, y no sé yo si es así.

Aun con todo, estoy deseando volver a ‘Destiny’, para qué engañarnos. Y me consta que la gran mayoría de miembros de mi clan están por la misma labor, pues todos recordamos con nostalgia las largas partidas, los disgustos y las alegrías que vivimos comandando a nuestros Guardianes. Incluso los que hoy juran que no van a volver acabarán bajándose del burro, os lo aseguro, porque la tentación es muy grande. El reto para sus creadores no está en nosotros, los creyentes convencidos, sino en toda esa masa de infieles que (con sus motivos, mejores o peores) no tuvieron nunca fe en esta aventura.

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Por qué estamos como locos por Destiny 2

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por
Alex CD

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