El bendito problema de Tesla con el Model 3

El bendito problema de Tesla con el Model 3

Víctima de su propia fama.

Desde que en abril de 2016 Tesla, de la mano de Elon Musk, presentase el nuevo Model 3, el éxito no ha parado de crecer para la compañía de Silicon Valley. El vehículo, que partía de un precio de 35.000 dólares –en comparativa mucho más económico que el resto de modelos del sector eléctrico–, estaba llamado a conquistar a las masas con algo más que un coche: Musk ofrecía un modelo de vida. Algo similar a Jobs con su iPhone.

La idea era que las primeras entregas de los pedidos del Model 3 comenzasen a finales de 2017. Sin embargo, Musk es personaje que se caracteriza por dar dead lines demasiado ambiciosos. En cualquier caso, los pedidos no se hicieron esperar e incluso antes de conocer el coche, Tesla ya registró 115.000 peticiones de reserva. En 24 horas, la cifra subió a 200.000 solicitudes y a los pocos días la suma creció hasta los 300.000 coches. Todo esto suponía dinero, mucho dinero. Pero lo que para cualquier empresa sería como agua caída del cielo, para Tesla puede ser una gran maldición; los 1.000 dólares de entrada que se solicitan para pedir un Model 3 no son suficientes para asumir la producción de tantos vehículos. Tampoco el éxito de la compañía en bolsa o la inversión de sus mayores socios. De hecho, desde la presentación, los analistas vienen jugando a las cábalas para saber cuándo Elon pediría más dinero para cumplir con la producción, que no con las fechas de entrega. Cualquier previsión superó las expectativas; para bien o para mal.

Esa fecha ha llegado. Tesla está intentando recaudar unos 1.150 millones de dólares en acciones para poder asumir todos los costes, adicionales y previstos, que les está suponiendo la fabricación de todos los pedidos y la instalación de sus prometidos supercargadores. Y además de las acciones, también se han emitido bonos; lo que viene a ser deuda. Según Reuters, el propio Elon se hará cargo de la compra de acciones por un valor de 25 millones de dólares. No hay nada como un CEO comprometido con la causa.

No es la primera vez que Tesla pide ayuda a los mercados para su versión para Model 3: en mayo de 2016, sólo un mes después de la presentación, ya se anunció una venta de acciones por valor de 1.400 millones de dólares.

A todo esto se le suma el hecho de que Tesla junto con el resto de compañías de Elon, Solarcity y SpaceX, es prácticamente la única compañía del sector que diseña, crea y fabrica la mayor parte de sus componentes. Lo que les otorga una gran ventaja a nivel de control, ya que pueden disponer de unos tiempos mucho más reducidos (de apenas horas) si quieren modificar algo, también puede ser un problema. Además de que el coste puede ser mayor, también implica aumentar las líneas de producción. Especialmente en lo que a las baterías se refiere, el alma máter de Tesla. Para ello, Elon anunció la construcción de super-factorías que se dedicarían a crear todas las baterías que su nuevo Model 3, todos ellos, iban a necesitar. Otro gasto multimillonario para la empresa.