Serendipias literarias, cuando la realidad imita a la ficción

Serendipias literarias, cuando la realidad imita a la ficción

Las serendipias literarias suceden cuando un autor escribe un relato y más tarde, por sorprendentes coincidencias, ocurre en la vida real.

El término serendipia generalmente está relacionado con descubrimientos científicos inesperados. Esos que surgen durante la labor científica pero que nada tienen que ver con lo que se busca en un inicio, por ejemplo: cuando Alexander Fleming, en 1922, descubrió la penicilina durante el análisis a cultivos de bacterias, o el de Albert Hofman cuando descubrió accidentalmente el LSD (ácido lisérgico dietilamida).

Sin embargo, serendipia también se refiere a cuando un autor escribe hechos o historias que más tarde, por extrañas coincidencias, suceden en la vida real con mayor o menor lujo de detalles que lo descrito en la ficción. Lo más sorprendente de estos casos es que los autores escribieron esos hechos y circunstancias desde su imaginación y algunas veces describieron cosas que era imposible que conocieran por la época en la que vivieron.

El término se deriva de la palabra en inglés serendipity, un neologismo que se le atribuye a Horace Walpole, escritor, político y arquitecto británico que vivió durante el siglo XVIII. Se dice que Walpole acuñó este término a partir del cuento tradicional persa llamado “Los tres príncipes de Serendip“, en donde los protagonistas resuelven sus aventuras por medio de observaciones, deducciones y, claro, coincidencias. Conozcamos, pues, algunas de las serendipias literarias más conocidas y sorprendentes.

Las lunas de Marte

MAVEN

NASA (Flickr)

En 1726 Jonathan Swift publicó su obra ‘Los viajes de Gulliver‘. En ella describió las dos lunas de Marte cuando estas no habían sido descubiertas. Fobos y Deimos, las dos lunas del planeta rojo, no serían oficialmente descubiertas hasta el año de 1877. Por otro lado, Voltaire también mencionó que Marte poseía dos lunas en su relato llamado ‘Micromegas’ de 1752 (por cierto, un cuento corto de ciencia ficción imprescindible).

El Titanic y Pearl Harbor

Titanic

¿Qué tiene que ver el naufragio más famoso de la historia con el ataque japonés a Estados Unidos en Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial? El autor Morgan Robertson. A este escritor estadounidense se le atribuyen dos serendipias literarias, ambas impresionantes. En su libro ‘Futility, or the Wreck of the Titan‘, escrito en 1898, narró el naufragio de un barco llamado Titan y describió detalles que también ocurrieron 14 años después en el trágico naufragio del Titanic: el choque en un iceberg, que tenía pocos botes salvavidas y que en la tragedia murieron personas multimillonarias, incluso el número de víctimas y las dimensiones de la nave coincidieron con el del transatlántico hundido en su viaje inaugural en 1912.

Por otro lado, en el libro ‘Más allá del espectro‘, publicado en 1914, Robertson describe una guerra entre Estados Unidos y el Imperio de Japón, donde este último ataca a el primero con “máquinas voladoras” y bombas luminosas en su primera base naval en Pearl Harbor. También describió que dicho ataque tiene lugar en diciembre y que sorprendió al país americano. Como todos sabemos, el 7 de diciembre de 1941 sucede el ataque de Pearl Harbor por parte de Japón, hecho que influiría directamente para la entrada de Estados Unidos a la guerra.

Richard Parker, el canibalismo y la Ley del mar

El gran escritor Edgar Allan Poe en 1838 escribió su única novela: ‘La narración de Arthur Gordon Pym‘. La historia cuenta el naufragio de cuatro personas y cómo se quedan a la deriva en una barca. Tiempo después, estas se quedan sin bebida, ni alimento y es cuando un grumete llamado Richard Parker propone deben echar suertes, tal como lo estipula la Ley del mar, para que el perdedor sea asesinado y sirva de alimento para los demás en la embarcación. Estos terribles hechos sucedieron de forma muy parecida al naufragar el Mignonette, un navío inglés en el que cuatro tripulantes salvan la vida en una barca pero se quedan a la deriva en un periodo de 20 días. Un grumete, sí, llamado Richard Parker y de tan solo 17 años enfermó por beber agua de mar; los tres tripulantes restantes decidieron matarlo y alimentarse con su cuerpo. Luego de derivar 1,050 millas durante 24 días, el navío alemán Moctezuma rescató a los sobrevivientes. Estos fueron juzgados en Gran Bretaña por la muerte del joven Richard Parker por un tribunal militar como asesinato, más que nada por la falta del sorteo que exige la Ley del mar. Los acusados fueron condenados a muerte aunque más tarde se les redujo la sentencia.

No dejan de sorprender estas historias en las que la casualidad o, mejor dicho, las increíbles casualidades, “imitan” a la ficción y arrojan semejanzas en los detalles que logran sorprendernos.