Análisis de Final Fantasy XV: la amistad por encima de todo

Final Fantasy XV

Se ha cambiado el nombre, el director y las consolas en las que se ha lanzado. Han sido diez años de duro desarrollo pero Final Fantasy XV ya está en la calle. ¿Podrá Square Enix sobrevivir a las expectativas generadas tras tanto tiempo a la vez que da un paso adelante y revitaliza la franquicia?La historia detrás del desarrollo de Final Fantasy XV (anteriormente conocido como Final Fantasy Versus XIII) es de esas que ocupará un lugar en los libros de historia del videojuego al lado de proyectos como The Last Guardian, Duke Nukem Forever o, si llegan a lanzarse algún día, Half-Life 3 y el AGENT de Rockstar.

Uno nunca sabe qué esperar cuando el desarrollo de un videojuego se dilata tantísimo en el tiempo, saltando entre generaciones, cambiando de director del proyecto sobre la marcha y, más todavía, cuando la saga a la que pertenece, una de las más influyentes en la historia del videojuego, lleva demasiados años dando bandazos con su saga principal (el MMO de la marca, en cambio, raya a un nivel altísimo).

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Creo que es lógico, y en parte comprensible, que en este tipo de casos se recurra a la comparación fácil y todos pensemos en ese Final Fantasy VII que puso los videojuegos y el rol japonés del revés pero, al mismo tiempo, han pasado casi veinte años desde su lanzamiento y el mismo Tetsuya Nomura, director original de Final Fantasy XV, está a la cabeza del ambicioso remake que se está preparando.

Final Fantasy XV es una entrega totalmente independiente, que se desmarca en múltiples aspectos de los valores más tradicionales y arraigados de la marca, y debería ser juzgado por todo aquello que es y no por lo que deja de ser o por lo que, de un modo u otro, ha dejado por el camino. Square Enix ha cambiado, mejorado y retocado aquí y allá en su intento de revitalizar un género, el de los J-RPG, que sigue en horas bajas pese a honrosas excepciones como Bravely Default.

Y para ello, los nipones no han escatimado en gastos. Como suele ser costumbre en la industria, la inversión realizada en el proyecto no ha trascendido pero, teniendo en cuenta la duración del desarrollo, lo amplio del equipo y la potentísima campaña de marketing, la cifra rondará a buen seguro los 200 millones de dólares. Pero más allá, encontramos el anime de ‘Brotherhood’ y ese derroche técnico que es el filme de animación ‘Kingslaive’.
Ambos proyectos, más allá de funcionar como obras satélite y suponer un empujón más en la campaña de marketing, se lanzaron con la idea de profundizar en el universo de este nuevo Final Fantasy XV. Así, el anime se centra en los cuatro grandes protagonistas de la obra, Noctis, Ignis, Gladiolus y Prompto, mientras que Kingslaive sirve para conocer más sobre el mundo a recorrer, esa extraña pero atractiva amalgama de elementos sacados de la Norteamérica más industrial, clásicas ciudades europeas y la fantasía de tintes medievales propia de la franquicia.

Asimismo, el mismo concepto de aventura que comparten los personajes al inicio de la aventura es otra forma de romper moldes y convenciones. Cierto es que, con el paso de las horas, todo termina convirtiéndose en una aventura de corte tradicional dentro de los estándares de la franquicia (épicos enfrentamientos, la importancia de la magia, dinastías enfrentadas, etc.) pero que todo parta de un road trip entre amigos es una de esos pequeños riesgos que terminan dotando de mucha personalidad a esta entrega.

La premisa, eso sí, es algo simplona y arcaica, como tantas otras cosas en el desarrollo de la aventura o ciertas mecánicas jugables: aquí Noctis debe viajar al encuentro de Lunafreya para poder contraer matrimonio con ella y asegurar la estabilidad del reino de Lucis, el último en tener en su poder uno de los poderosísimos Cristales (presentes en toda la franquicia), y la paz con Niflheim. O, lo que es lo mismo, la enésima obra que, pese a modernizarla y dotarla de tintes políticos, parte de la búsqueda de la princesa por parte del héroe.

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Y como este, son quizá demasiados los tropos y dejes a olvidar que hereda de ciertos videojuegos, eminentemente los venidos desde Japón. Así, tras solo unos minutos de juego conoceremos a Cindy, una mecánica cuya sexualización roza el esperpento. Sorprende, para mal, que en una franquicia que nos ha dado personajes femeninos como Garnet, Ligthining o Yuna, aquí la figura de la mujer quede poco menos que reducida a mera comparsa. Las estrellas de la función son nuestros cuatro protagonistas y todo personaje secundario, salvo contadas excepciones, termina quedando desdibujado.

Quizá, eso sí, el principal anclaje en el pasado de Final Fantasy XV resida en los problemas que parece sufrir para contar una historia de forma eficiente e incorporar una narrativa interesante en un mundo abierto. Las primeras horas terminan resultando una mezcla de actividades secundarias y de diseño pobre, múltiples y extensas caminatas y alguna que otra píldora de la historia. Además, los puntos de interés del mundo abierto están, casi siempre, centrados en recolección pura y dura, rozando la parte más mecánica y vaga de los MMO. Una cosa está clara: Square Enix no se siente del todo cómoda a la hora de incorporar un verdadero mundo abierto en la franquicia.

Y es una pena porque, de la mano de este nuevo enfoque, llegan pequeños elementos a los que se le podría haber sacado mucho más jugo como el Regalia, el coche en el que viajan los cuatro protagonistas (¿qué sería de un buen road trip sin un coche en condiciones?) o los campamentos, un lugar en el que descansar, subir de nivel, comer los platos cocinados por Ignis y aprovechar sus beneficios y, en general, estrechar lazos e incurrir en el núcleo de la aventura, la amistad entre los protagonistas.

La suerte está en que, en lo jugable, Final Fantasy XV es un juego que cumple con soltura. Evidentemente, no es un producto para todo aquel que venga buscando el tradicional sistema de combate por turnos o una ligera variación del mismo: la aventura de Noctis rompe el esquema de la saga y nos mete de lleno en combates en tiempo real, más propios de propuestas como The Witcher 3 que de lo que siempre ha sido costumbre en la saga. Sí, hay una suerte de modo táctico que nos permite parar el tiempo y tomarnos algo más de tiempo para elegir cada acción pero, desde el principio, se siente como una concesión para los puristas metida con calzador, estando pensado el juego para sacar el máximo partido al dinamismo por el que apuesta.

A nivel mecánico, todo resulta simple pero satisfactorio mientras alternamos entre las cuatro armas de Noctis, cambiando al vuelo mediante las direcciones de la cruceta del mando. Además, la habilidad especial de Noctis aporta un bienvenido toque estratégico a unos enfrentamientos que, en muchas ocasiones, se tornan demasiado caóticos (la cámara no ayuda, claro): podremos tanto lanzarnos al ataque, teletransportándonos hacía nuestro enemigo marcado, siempre que esté dentro del rango de ataque, o hacer lo propio a un punto alejado para recuperar vida y puntos de magia.

Y si decíamos que las primeras horas se sienten como un conjunto deslavazado y repetitivo, el videojuego cambia por completo su enfoque en la segunda mitad de la trama principal. Esto, que a priori podría verse como un paso atrás a nivel de diseño y satisfacción, es posiblemente la mejor decisión tomada por el estudio; a raíz de ello todo gana en interés, en potencia narrativa y ritmo. Sigue habiendo capítulos un tanto confusos, faltos de contexto y de información adicional (no sorprende que desde Square Enix prometan añadir escenas de vídeo e información) pero, sin duda, el conjunto sale beneficiado. La historia, eso sí, sigue sin ser algo que termine calando en el jugador pero sí que, de un modo u otro, lo hacen sus personajes principales y la conexión generada entre y con ellos en las alrededor de treinta horas que puede llevar acabar la trama principal.

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Es en los espacios cortos, en el diseño más limitado por cuestiones de espacio y ritmo, donde Final Fantasy XV brilla con más luz. Sin ir más lejos, el título incorpora algunas mazmorras realmente interesantes en su diseño y propuesta jugable (una de ellas, secreta, es de lo más divertido y ‘fresco’ que hemos jugado en los últimos tiempos) y, al final, triunfa lo intimista por encima de lo grandilocuente.
8Después de tanto tiempo en desarrollo, da la sensación de que Square Enix ha querido coger mecánicas y novedades de aquí y allá para incorporarlas en Final Fantasy XV y, al final, nos topamos con un producto sin una identidad rotunda y afianzada. Hay cosas de cualquier MMO tradicional, un combate mucho más dinámico y cercano a los RPG orientales, un sistema táctico y una gestión de personajes heredera de los J-RPG y, a la vez, también hay mundo abierto y, después, un desarrollo lineal.

Es curioso que el mundo y los personajes protagonistas, lo que sí es nacido por y para Final Fantasy XV, sea lo que más termine calando en el jugador. Evidentemente, hablamos de un RPG más que competente y que, en múltiples aspectos, puede codearse con los mejores del género. Por contra, hay demasiadas decisiones algo incomprensibles y arcaicas que terminan lastrando la experiencia. Al final, eso sí, Final Fantasy XV está entre nosotros y, lo que es más importante, sale airoso tras una década en desarrollo y un buen puñado de arriesgadas decisiones. – La mezcla de realidad y fantasía en el mundo y su diseño artístico.
– Los personajes protagonistas, su relación y el sistema de progresión.
– La puesta al día en aspectos como el combate o el enfoque y el riesgo tomado por el camino.- La historia y la narrativa, confusas y carentes de interés durante demasiados tramos.
Técnicamente presenta altibajos más que considerables.
– No se saca demasiado provecho a la estructura de mundo abierto, cayendo en errores típicos.
– Lo sumamente repetitivo y poco inspirado de una inmensa mayoría de actividades secundarias.