Museo del folclore, tal vez el museo más entretenido para ver en Oslo

004“Yo soy un comerciante el 1700, y esta es mi casa. Pasa y siéntate”, nos dijo un señor que vestía de acuerdo a la época y que nos dejaba claro que los años se habían detenido en su casa y que todo seguía casi inamovible y forma parte de un museo inmenso, atractivo y que rompe con el esquema de todos los museos que he visto hasta el momento.

El Folk Museum o Museo del Folclore de Noruega lo componen un total de 155 casas de diferentes regiones de Noruega y de diferentes épocas se reparten en una especie de barrio pequeño y donde nos podemos encontrar comerciantes, panaderos, trabajadores de campo, amas de casa y hasta vendedores de chuches o farmaceúticos que te hacen sentir que te trasladas en el tiempo.

Tras pasar un gran umbral lo primero que nos encontramos en el museo son casitas de colores de los años 1920 y 1930, tímidamente miramos por las ventanas hasta que nos dimos cuenta que podíamos entrar, caminar por sus habitaciones y ver cómo vivían las personas. En ese momento se nos llenó el corazón con una sensación de cotilla, viajero del tiempo y aventurero: podíamos ver lo que hacían las personas hace casi cien años en Noruega.

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En las casas se conservan los platos, las mesas, manteles, sillas, mesas, máquinas de coser y hasta la ropa de las personas. Algunas de estas cosas, nos contaron, eran originales y otras las reconstruyeron basadas en los registros históricos.

Por las calles del museo al aire libre nos encontramos además con una tienda de alimentación traída de los años 40 donde entramos y una chica muy amable nos ofreció comprar algunas chuches de época; una experiencia preciosa. También nos topamos con una mujer que nos invitó a comer una sopa de garbanzos en su casa del 1900 y un joven que había dejado aparcado el tractor junto a sus animales para ofrecernos una taza de café en su casa. En nuestro paseo terminamos entrando en una panadería donde unas chicas estaban amasando un pan muy simple y delicioso llamado “Lefse” que pudimos probar inmediatamente después de ser cocinado.

Un poco escondida, pero tal vez la estrella que atrae a muchos viajeros es la iglesia Stave, de Gol que fue construida totalmente en madera y tiene más de 150 años manteniéndose en pie sin alteraciones. La iglesia original data del siglo XII, pero con el paso de los años fue cambiando tanto su estructura y finalmente quedó tan pequeña que los feligreses decidieron abandonarla. En 1881 un grupo de conservacionistas compraron lo que quedaba de ella y el rey Oscar II financió su reconstrucción, la misma que se puede ver hoy en el Folk Museum.

Para entrar al museo hay que comprar una entrada aunque debido a la cantidad de sitios que visitar en Oslo y aprovechando que incluye transporte nosotros usamos la Oslo Pass, una tarjeta con la que puedes entrar a museos, obtener descuentos, andar en ferry, usar bus, tram y metro y otros beneficios que fueron muy bien aprovechados.

Si antes pensaba en qué hacer en Oslo, ahora tengo muy claro qué es lo que recomendaré a mis amigos. Lo primero que pensé fue: “En este museo visitaré solo unas cinco casas y me iré”, pero nunca pensé que iba a pasarme allí casi medio día y luego sentir que me han quedado cosas por ver, regiones por descubrir y momentos de la historia en los cuales detenerme.

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