William Martin, el comandante de la Segunda Guerra Mundial que nunca existió

William Martin, el comandante de la Segunda Guerra Mundial que nunca existió

Dejadme que os cuente los detalles de la Operación Mincemeat, una de las estratagemas de contraespionaje más curiosas de la historia.

En la mañana del último día de abril de 1943, un pescador de origen portugués se topó con algo de lo más inesperado y desagradable en la orilla de la extensa y arenosa playa onubense de El Portil, a lo largo de cuya costa el Gobierno del dictador Francisco Franco había mandado construir búkers por si a los Aliados se les ocurría invadir España durante la Segunda Guerra Mundial. Vio el cadáver de un hombre con traje militar, botas, gabardina y chaleco salvavidas, una cartera que tenía atada al cuerpo con una cadena y la cara chamuscada. Lo llevó al puerto y avisó a las autoridades; y cuando a los agentes de la Abwehr destacados en Huelva —como el resto del país se encontraba lleno de ellos porque Franco simpatizaba con el régimen nazi— les fue posible contemplar el contenido de la cartera unos días después, no pudieron menos que pensar que estaban de suerte.

El británico muerto que portaba una carta de vital importancia

Cuando las autoridades españolas comprobaron las pertenencias que llevaba encima, encontraron el carné de un tal William Martin, un capitán galés de la Marina Real Británica de treinta y cuatro años al que habían habilitado como comandante, con su fotografía en él. Así pues, el cadáver se le confió al vicecónsul británico F.K. Hazeldene, que pidió un examen forense, y este reveló que el sujeto había muerto ahogado y había permanecido en el mar entre tres y cinco días, pero no se le realizó una autopsia completa porque llevaba una cruz de plata al cuello y hacérsela sería incorrecto de tratarse de un católico.No se le realizó una autopsia completa porque llevaba una cruz al cuello y sería incorrecto de tratarse de un católico

Un mes más tarde, en el Times se publicó una lista de bajas británicas por la guerra y, junto a la de dos oficiales que viajaban en avión a Gibraltar y que habían perecido al caer el aparato al mar durante el trayecto, apareció el nombre de Martin: la historia cuadraba con el examen forense. Pero la cosa se había puesto de lo más interesante cuando, entre otras cosas de poco provecho, se había hallado en la cartera un pase del Cuartel General de Operaciones Combinadas y una significativa carta de Sir Archibald Nye, Segundo Jefe del Estado Mayor General Imperial, para Sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África.

operación mincemeat

Carné de William Martin – Wikipedia.org

Dicha carta explicaba la llamada Operación Husky, que se estaba organizando para que, mientras Sir Henry Wilson, general y Caballero del Imperio Británico, atacase Grecia, el propio Alexander hiciera lo mismo en Cerdeña y Córcega, ambas en manos del Eje; y que, además, se planeaba confundir a los alemanes para que creyesen que iban a desembarcar en Sicilia. Y en una carta hallada junto a la otra, Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, le contaba a Sir Andrew Cunningham, Comandante en Jefe del Mediterráneo, que Martin llevaba consigo la de Nye a Alexander para entregarla en persona porque contenía información lo suficientemente sensible como para no hacerlo por los canales habituales, por si las moscas. Y, tras el descubrimiento del cadáver, el Almirantazgo le envió comunicaciones en clave al agregado naval de Madrid con suma urgencia para que devolvieran el contenido de la cartera cuanto antes por la enjundia, sobre todo, de la primera carta, que no debía caer en manos inapropiadas.Hitler, siguiendo la información de las cartas que portaba Martin, reforzó sus ejércitos en Cerdeña, Córcega y Grecia para repeler ataques aliados

A mediados de mayo, los documentos estaban de vuelta. Pero ya era demasiado tarde: si Adolf Clauss, técnico en agricultura germano y miembro de la Abwehr, estuvo al tanto de que el pescador había tropezado con el cadáver el mismo día que esto sucedió, él y otros agentes conocían la existencia de las cartas y, no sin ciertos obstáculos, pudieron fotografiar cuanto entrañaba la cartera y enviar el resultado a Berlín para que fuese estudiado por los servicios de inteligencia alemanes, que habían descifrado las comunicaciones del Almirantazgo al agregado naval y que, luego, vieron el nombre de Martin en el Times.

Entonces, Hitler discrepó abiertamente con Mussolini acerca de dónde planeaban desembarcar los Aliados, reforzó sus ejércitos en Cerdeña, Córcega y Grecia, mandando a esta última dos divisiones Panzer y al general Erwin Rommel, el Zorro del Desierto, y se frotó las manos con complacencia. No podía saber en ese momento que acabaría dirigiendo ejércitos fantasma desde el fondo de un búnker berlinés mientras el Tercer Reich se desmoronaba a su alrededor.

Por qué los nazis se tragaron una carne picada en mal estado

Engañar al enemigo para que dé un traspié y aprovecharse de ello para sacar una ventaja táctica es una jugada que se ha visto no pocas veces en los conflictos bélicos, y unas cuantas durante la Segunda Guerra Mundial. La tomadura de pelo más famosa que se organizó a lo largo de la misma fue la Operación Bodyguard, que hizo posible el éxito del desembarco en Normandía de 1944. Pero hubo otras, como antes la Operación Bertram para burlar en Egipto a Rommel en 1942, la soviética Bagration para marchar hacia Alemania desde Bielorrusia en 1944 y la Viersen para que los aliados avanzaran ya hacia el corazón del país en 1945. También, la británica Operación Mincemeat, aprobada por el mismísimo Churchill, en 1943.

operación mincemeat

‘The Man Who Never Was’, película de Ronald Neame – 20th Century Fox

Un capitán de corbeta y oficial de inteligencia naval llamado Ewen Montagu, que formaba parte del Comité de los Veinte y, así, comandaba una división del MI5 centrada en el contraespionaje, retomó una idea de Charles Cholmondeley, capitán de la RAF que también integraba el MI5, la cual consistía básicamente en utilizar un cadáver con supuesta información clasificada para desinformar al enemigo: tal era, ni más ni menos, el supuesto William Martin; y todos los datos que los alemanes creían haber recopilado sobre él, así como lo que portaba, era completamente falso.Todos los datos que los alemanes creían haber recopilado sobre William Martin, así como lo que portaba, era completamente falso

Para hacer creíble la identidad de Martin, su misión y las circunstancias de su muerte, escogieron el accidente aéreo en el mar porque los nazis sabían que nunca despachaban documentos tan confidenciales en vuelos sobre territorio hostil, incluyeron en la cartera otros objetos cotidianos, como cartas de amor y fotografías con una novia tan inexistente como el propio Martin, entradas para el teatro, facturas, correspondencia bancaria y hasta un juego de llaves, y tanto las comunicaciones del Almirantazgo al agregado naval de Madrid, cuya clave de cifrado era sencilla, como la lista con el nombre de Martin en el Times sólo estaban destinadas a profundizar en el engaño. Y la cruz que colgaba de su cuello de veras se puso ahí para evitar una autopsia.

Vistieron al desdichado cadáver con un uniforme de la Marina Real, lo conservaron en hielo dentro de un contenedor sellado y lo embarcaron en el submarino británico HMS Seraph, que zarpó el 19 de abril con destino a un punto del Atlántico situado a una milla al sur de las costas onubenses. Una vez allí, ascendieron y el teniente de navío Norman Jewell y sus oficiales, quienes no habían sabido nada de la operación hasta ese instante, sacaron a Martin del contenedor, que otros subalternos habían subido a cubierta antes de que se les mandara permanecer bajo ella, le colocaron el chaleco salvavidas, le amarraron la cartera, rezaron un salmo bíblico y posaron al muerto en el agua con delicadeza y la esperanza de que lo arrastrase la corriente hasta la playa, tal como ocurrió.

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Desembarco de Sicilia – Wikipedia.org

El resto de la historia es bien conocido: la treta de la Operación Mincemeat o Carne Picada funcionó, Montagu hizo llegar a Churchill un telegrama en el que se leía: “Se han tragado toda la carne picada”, y los Aliados desembarcaron en Sicilia, tal como pensaba Mussolini, durante la auténtica Operación Husky, enfrentando escasa resistencia, ya que la isla, no sólo carecía de refuerzos, sino que hasta los buques minadores, dragaminas y patrulleros que allí estuvieron destacados habían sido enviados a otros sitios. A lo largo de dos semanas, los alemanes no reaccionaron porque seguían convencidos de que este desembarco no era más que una distracción, y la ocupación de Sicilia concluyó en agosto, tras un mes del inicio de la operación.

A vueltas con la verdadera identidad de William Martin

Montagu contó en su libro The Man Who Never Was, publicado en 1953 y adaptado por Ronald Neame con una película en 1956, que el cadáver al que se disfrazó del comandante imaginario era el de un hombre que había fallecido de neumonía en un hospital de Londres. Sin embargo, el funcionario Roger Morgan afirmó en 1996 que había encontrado evidencias en papeles gubernamentales desclasificados de que se trata en realidad de un mendigo galés alcohólico, quien había sucumbido al ingerir matarratas para suicidarse y respondía al nombre de Glyndwr Michael.Según papeles gubernamentales desclasificados y un memorando del oficial al mando de la operación, el cadáver pertenece a un mendigo galés que se suicidó llamado Glyndwr Michael

Pero hete aquí que John y Noreen Steele, Colin Gibbon, Jesús Ramírez Copeiro y Enrique Nielsen, uniendo sus investigaciones en 2003, propusieron que el cadáver pertenecía verdaderamente a uno de los 379 marinos que perecieron en la explosión y hundimiento del portaaviones británico HMS Dasher, ocurrida en marzo de 1943 ante el estuario escoces del Clyde y los ojos del propio John cuando era niño. Sólo se llegó a enterrar a doce de los marinos, y a las familias que reclamaron al Gobierno se les cerró la boca con un “alto secreto”, y Montagu se reunió con Jewell cuatro días después de la catástrofe para detallarle cómo se llevaría a cabo la Operación Mincemeat.

El mismo Jewell opinaba que era muy improbable que el cadáver de un mendigo envenenado hubiera sido utilizado en la operación, entre otras razones, porque debía dar el pego de un ahogado y la estratagema era tan importante que no se podían permitir fallar en algo así. De hecho, el Seraph navegó desde la base de Blyth, al noreste de Inglaterra, hasta la de Holy Loch, en el noroeste de Escocia, a unas dieciocho millas de la tumba marina del Dasher, antes de marchar hacia las costas de Huelva, y Montagu afirma que transportaron el cuerpo desde Londres hasta Holy Loach, lo cual no parece tener sentido si el Seraph se encontraba antes mucho más cerca, en Blyth.

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Tumba de William Martin en el cementerio de Huelva – Espanabizarra.tumblr.com

Además, una de las mujeres del equipo de Montagu contó después que este se hizo primero con el cuerpo del mendigo pero, como llegó a descomponerse demasiado y no parecería un ahogado, decidió usar el de un marino del Dasher, cuya explosión hasta puede que explique por qué el pescador que lo halló en la playa de El Portil dijo haberle visto la cara chamuscada. Y para rematar el cuento, resulta que el hijo de Adolf Clauss, aquel agente de la Abwehr destacado en Huelva durante la guerra, asegura que su padre le contó que los alemanes se llevaron a Martin tras haber sido enterrado en el cementerio de Huelva para practicarle una autopsia a fondo en su base de Spezia, a donde arribaron en submarino, y que la tumba está vacía.La tumba de William Martin siempre ha tenido flores frescas: Isabel Naylor continúa dejándolas como su padre, un emigrado inglés, había hecho

De todos modos, Denis Smyth, historiador de la Universidad de Toronto, tachó esta teoría de conspiranoica en 2010, y alega haber encontrado un memorando de Montagu en el que informa a oficiales de alto rango de que no hay peligro de que se descubra el ardid a pesar del envenenamiento, y que, por tanto, el cuerpo de Martin, que sí está enterrado en el cementerio de Huelva, es el de Glyndwr Michael, cuyo nombre se había añadido a la lápida tras la desclasificación de documentos. Su tumba siempre ha tenido flores frescas, cuyo misterioso origen se despejó en 2002, cuando se supo que es Isabel Naylor, hija de un emigrado inglés, la que se las deja allí continuando con la tradición de su padre, hecho por el que el Gobierno británico la condecoró. Pero no creo que al falso comandante William Martin, sea quien sea, le importe demasiado a estas alturas.